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jueves, 12 de mayo de 2016

El enfoque humanista existencial aplicado a los procesos de Consejería




      
 La Consejería Profesional no es Psicoterapia y se diferencia de ella en que no tiene un enfoque clínico, pues su fin no es curar una patología sino crear salud y desarrollar el potencial humano (Sánchez Bodas, 2005)[1]. Un(a) consejero(a) acompaña profesionalmente a personas o grupos en situaciones de crisis que envuelven cambios vitales, duelos, crisis familiares y de pareja, diagnósticos de enfermedades, elecciones vocacionales, problemas laborales, necesidades personales o espirituales que no requieren psicoterapia. Provee orientación y guía para tomar decisiones y resolver algún problema o conflicto que limita su proceso vital.
            Según Sánchez Bodas (2005) las funciones de un consejero son: a) acompañar emocionalmente a cliente, b) ofrecerle asesoría, c) promover acciones que mejoren su calidad de vida, d) asistir en los procesos de cambio y toma de decisiones, e) facilitar la transformación y el despliegue de las potencialidades de cliente. Las decisiones o resoluciones que toman los clientes deben favorecer su desarrollo y potenciar su capacidad creativa.
            Cada consejero, en su proceso de formación y/o a través de la experiencia va adquiriendo un dominio sobre las técnicas, métodos y enfoques psicológicos que sean más adaptos a las necesidades del cliente o en los cuales obtiene resultados más efectivos. Las tres principales escuelas psicológicas sobre las que derivan diversas teorías son: a) el psicoanálisis, b) el conductismo, c) y el humanismo.
            La postura del enfoque humanista es que el ser humano es libre de elegir y decidir sobre su propia vida. Esta libertad presupone que la persona asuma responsabilidad por las decisiones que toma y las conductas que realiza. El existencialismo postula que cada experiencia es personal y por tanto tiene un significado diferente para cada persona. Una misma experiencia puede ser vivida como un drama para cierto tipo de personas y para otras como una experiencia de crecimiento. Todo depende directamente de la forma en como es asumida, confrontada e integrada.
            Los principios básicos del modelo humanista existencial se resumen en los siguientes:[2]
1.      Autonomía y responsabilidad personal. La persona es capaz de tomar sus propias decisiones y asumir responsabilidad de ellas.
2.      Autorrealización y trascendencia. La persona es capaz de crecer y realizase a partir de las experiencias de vida. Está llamada a alcanzar niveles de integración más evolucionados e integradores.
3.      Búsqueda de sentido. El ser humano está orientado hacia unas metas que orientan su personalidad o construcción del yo. Lo que hace tiene un propósito y está regido por valores vitales.
4.      Originalidad. Cada persona es única, irrepetible, especial y por consiguiente vive las experiencias de vida de una forma única. La creatividad y la espontaneidad son valores fundamentales en ella.
5.      Globalidad y totalidad del ser. El equilibrio psicológico se logra cuando se integra y valoriza lo racional con lo emocional, lo intuitivo, lo contemplativo y lo corporal de la persona. El cuerpo es fuente de información sobre lo que somos, sentimos y hacemos y es el medio de expresión de nuestros pensamientos e intenciones.
            Los procesos de consejería que siguen el modelo humanista existencial buscan recuperar la dignidad de la persona humana valorando sus emociones, relaciones, sueños, potencialidades, espiritualidad, religiosidad, libertad y responsabilidad personal. Recalca la importancia de una visión integral de la persona, su carácter único, el sentido de vida, los valores y motivaciones personales, los vínculos y relaciones con otros.
            Algunas posibles situaciones donde el enfoque humanista existencial puede actuar sería: a) problemas personales: alcoholismo u otras adicciones, desórdenes alimentarios, traumas, depresión, sexualidad, identidad, elección ocupacional-vocacional; b) problemas relacionales: familiares, de pareja, duelo,  pérdidas, timidez, inseguridad, habilidades sociales; c) problemas laborales: estrés, ansiedad, frustración, trabajo en equipo, trabajo con personas difíciles; d) crecimiento personal: autoestima, apoderamiento, confianza, espiritualidad y otras necesidades personales.
           


[1] Sánchez Bodas, A. (2005). El counseling en Argentina, recuperado el 12 de mayo de 2016 desde la dirección electrónica http://sanchezbodas.zoomblog.com/.
[2] American Association of Humanistic Psychology (1961)

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